Por Sergio López Rapado, Ingeniero de datos
España Mejor parte de una idea tan simple como necesaria: la política tiene que dejar de ser un intercambio de consignas y volver a ser un ejercicio de resultados. Su visión se entiende rápido: ciudadanos que participan en vez de ciudadanos desilusionados, políticas de resultados en vez de políticas vacías, acción en vez de frustración, patriotismo moderno en vez de patriotismo excluyente.
Esa orientación no se queda en lo abstracto. En este punto se me hace necesario señalar algo: España Mejor se define como una lanzadera de propuestas de políticas públicas e iniciativas sociales; participativa, abierta a todo el espectro social, con un enfoque práctico e innovador, y marcadamente europeísta e internacional. No es un partido político, ni un grupo de presión, ni un think tank al uso. Y pretende elevar el listón ético, la transparencia y la rendición de cuentas, porque sin integridad institucional el resto es decoración.
Mi ensayo Pragmatecmerismo nace de una preocupación parecida, pero formulada desde la raíz. Desde hace años me ha fascinado observar cómo nos organizamos en sociedad y cómo convertimos conceptos filosóficos en ideologías políticas. En este camino de autoaprendizaje me encontré con dos crisis simultáneas. La primera es humanista: falta de sentido vital, depresión y un aumento alarmante del suicidio, especialmente entre jóvenes. La segunda es política: crisis de legitimidad, desconfianza en los gobernantes, crispación permanente y corrupción estructural.
Ante ese panorama, propongo una ideología actual que nace como un punto de partida para dar solución a los problemas actuales: el Pragmatecmerismo. El término une pragma (acción concreta) y tekmérion (prueba). La tesis es directa: toda acción política debe estar legitimada por evidencia fáctica. No se pregunta si una política es “de izquierdas” o “de derechas”, sino si su eficacia puede demostrarse y replicarse. Y esto no es una pretensión de verdad absoluta; es exactamente lo contrario: como el conocimiento es incierto e incompleto, estamos obligados a decidir con la mejor evidencia disponible y a corregir el rumbo cuando los datos lo exijan.
Esa metodología se traduce en arquitectura institucional. Defiendo un Estado que deje de ser un gestor ineficiente y evolucione hacia un Estado auditor: supervisar, regular y exigir resultados en los servicios públicos, en lugar de administrarlo todo directamente. Propongo una libertad individual que no ignore la responsabilidad social, pero sin moralina: los derechos positivos mínimos se justifican desde el egoísmo racional, es decir, desde la evidencia de que el bienestar colectivo también es una inversión en la prosperidad y seguridad del propio individuo. Y, en el plano político, planteo una democracia meritocrática activa: participación universal, sí, pero no pasiva; con un “coste” de esfuerzo educativo y una cámara ciudadana que fiscalice de forma constante (incluida la posibilidad de votaciones telemáticas vinculantes en cuestiones clave).
¿Dónde encaja esto en España Mejor? En su núcleo. Si España Mejor quiere impulsar políticas modernas, transparentes, efectivas, medibles y basadas en datos, el tekmérion puede ser su estándar operativo. Traducido: cada propuesta debería venir con hipótesis, métricas, evaluación ex ante y ex post, comparaciones internacionales y un mecanismo explícito de rectificación. Si una medida no funciona, se corrige o se abandona. Si funciona, se escala.
Y, a la inversa, España Mejor puede mejorar el Pragmatecmerismo donde más lo necesita: en la prueba social. Una ideología basada en evidencia se traiciona a sí misma si no se somete a contraste real. La cultura participativa de España Mejor a través de su trabajo con ciudadanía, expertos e instituciones, es el entorno natural para convertir principios en pilotos, auditorías y aprendizaje público. También su énfasis en integridad (códigos éticos, controles independientes, tolerancia cero con la corrupción) conecta con mi insistencia en diseñar incentivos y límites que no dependan de la virtud del gobernante, sino de reglas y contrapesos.
En definitiva, mi ensayo no pretende ser un sistema cerrado, sino una invitación a sustituir el dogma por la evidencia y el relato por el resultado: basarnos en lo que funciona y no en lo que suena bien. España Mejor puede ser el lugar donde esa invitación deje de ser teoría y se convierta en método compartido: hipótesis, prueba, corrección. Mi invitación al lector no es la de una aceptación ciega, sino la de una crítica constructiva.
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