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Por María López-Escorial, consultora independiente especializada en innovación social

En momentos tan convulsos como los que estamos navegando, donde los riesgos nos parecen cada vez mayores y las respuestas como sociedad cada vez más frágiles, el hecho de que las empresas hayan tomado la batuta y se hayan erigido como agentes de cambio es, como menos, esperanzador. Es verdad, que es un giro que le lleva pidiendo la sociedad ya mucho tiempo, y que se ha materializado de forma desigual en los últimos años y en muchos casos fruto de la presión regulatoria. Pero han decidido coger el guante y eso es digno de elogiar. Como sociedad, necesitamos que todas se sumen a esta nueva forma de entender el capitalismo.

Durante los últimos 50 años, las empresas se han regido por la máxima de Milton Friedman en que la única responsabilidad de las empresas era generar valor para el accionista. Esto es lo que se ha enseñado en todas las escuelas de negocios y lo que está en todos los estatutos de nuestras empresas y en los incentivos de sus directivos. Pero nos hemos dado cuenta de que, aunque se ha generado uno de los periodos de mayor prosperidad de nuestra historia, esto ha sido a consecuencia del agotamiento de los recursos naturales, habiendo ya sobrepasado en 2024, 6 de los 9 límites planetarios que la ciencia ha revelado como ámbito seguro para las actividades humanas, y de la generación de desigualdades que cada vez son más acuciadas.

Por eso, para tener una sociedad más sana y para nuestra propia supervivencia, necesitamos que nuestras empresas empleen los recursos y habilidades que poseen en revertir esta tendencia. Principalmente, porque están equipadas con el patrimonio, habilidades y experiencia necesarias para generar este cambio con éxito. Y no sólo hablamos de sostenibilidad, según la cual conservamos los recursos y minimizamos el daño al medio ambiente, sino de regeneración. Ya no vale con no seguir haciendo el daño a la sociedad y al planeta que ha provocado esta carrera hacia el crecimiento, sino de reparar y regenerar lo que hemos destrozado incluso más allá de su estado original.

Pero además, necesitamos que las empresas potencien su impacto positivo porque es absolutamente relevante para mejorar su ventaja competitiva, minimizar los riesgos de su operación y por ende su continuidad. Los datos son contundentes, las empresas impulsadas por un propósito claro tienen un crecimiento un 10% mayor que el promedio y superan a la bolsa en rendimiento financiero a largo plazo (HBS), 86% de los jóvenes trabajadores (Millennials y Gen Z) prefieren trabajar para empresas con propósito (Linkedin Global Trends 2022), las organizaciones impulsadas por propósito tienen una rotación de empleados un 50% menor que sus competidoras (McKinsey), y el 63% de los consumidores eligen comprar productos y servicios de empresas que reflejan sus valores y creencias (Accenture Strategy 2020). Todo ello se traduce en mayores rendimientos financieros. Nuestras empresas serán sostenibles, o no serán.

Solo hay que ver los resultados de empresas que siguen estos principios en todo el mundo. También en España, como Laboratorios Ferrer, Capsa Foods o Danone.

El propósito declarado de Laboratorios Ferrer es “usar nuestro negocio para luchar por la justicia social”. Como dice Mario Rovirosa, su CEO “Consideramos que el negocio farmacéutico (..) es solo un medio para devolverle a la sociedad todo cuanto está en nuestras manos, reinvirtiéndolo allí donde verdaderamente hace falta.” Ferrer tras un 2022 extraordinario, con un beneficio de 28 millones de euros, lo que se tradujo en un incremento del 82%, y un año 2023 de consolidación cerrando con un 2% menos de facturación, ha generado un crecimiento del 9% del ebitda en ese año.

Jose Armando Tellado, CEO de Capsa Foods, se ha convertido en un activista del campo y de la ganadería sostenible según sus propias palabras y advierte que cuando elegimos Central Lechera Asturiana “Estamos invirtiendo en la defensa de las ganaderías familiares que cuidan de los paisajes y mantienen empleo en los entornos rurales. Además, de elegir una alimentación sana y natural.”

El Grupo Central Lechera Asturiana, obtuvo el pasado ejercicio 2023 un beneficio neto de 26,3 millones de euros, lo que supone casi quince veces más que los 1,8 millones de 2022.

Pero, aunque hay un camino muy importante por recorrer, no lo pueden transitar solas. Necesitan que los consumidores las apoyemos con nuestros actos de compra, el legislador premie a aquellas empresas que están generando impacto positivo, los inversores inviertan en sus proyectos y la sociedad en generar las avale. Así será un win-win-win para todos.

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